Oct 17, 2019
Los socios Toño Fraga (segundo por la izquierda) y Javier Nogueira (cuarto), junto a Iago Fernández y Francisco Domínguez. / IAGO LÓPEZ
Los socios Toño Fraga (segundo por la izquierda) y Javier Nogueira (cuarto), junto a Iago Fernández y Francisco Domínguez. / IAGO LÓPEZ

Send2me diseña buzones inteligentes en los que recibir las compras online

La ‘startup’ ofrece una solución que evitaría cerca del 20% de las entregas frustradas a las empresas de paquetería

Todas las facilidades de comprar por Internet pueden convertirse en un pequeño dolor de cabeza si al recoger el pedido no puedes estar en el lugar indicado a la hora prevista. En un mundo sin cacos ni fisgones todo sería mucho más sencillo; dejar el paquete en la puerta de la casa del comprador bastaría para hacer efectivas todas las entregas. Como ocurre con las cartas, que te las dejan en el buzón sin que importe si estás o no en el domicilio. Esa es la idea de partida que manejaron los promotores de la ‘startup’ Send2me, que como trabajo de fin de curso de un máster en Administración de Empresas pensaron en «digitalizar un invento de toda la vida, el buzón», explica Toño Fraga, socio fundador de la firma junto a Javier Nogueira y Andrés Bustelo.

«La importancia que hoy tiene el comercio electrónico no es nada comparada con la que tendrá dentro de unos años. Sin embargo, aún no ha solucionado del todo los problemas de la llamada ‘última milla’, incluidas las entregas no realizadas porque el usuario no está en casa, que a las empresas de logística les suponen cerca de un 20% del total de envíos que gestionan», subraya Fraga. Explica que la idea de evitar segundos viajes que encarecen los costes tiene un claro origen geográfico muy determinado: el entorno rural gallego. «Para los vecinos de estas aldeas la compra por Internet es una gran solución y cada vez recurren más a ella, pero para atenderles las empresas mandan a alguien a municipios en los que seguramente hará una única entrega. Eso ya eleva el gasto del servicio, así que si encima el cliente no está en casa y el repartidor no puede cerrar la entrega…», señala.

En esos entornos abundan las viviendas unifamiliares en las que tendría fácil encaje un buzón lo suficientemente grande como para introducir en él paquetes de un tamaño «medio. Lo único que haría falta es asegurarse de que sólo el repartidor y el propietario pudieran abrirlo. Algo tecnológicamente factible.

Para empezar, cada buzón de Send2me está identificado con una matrícula, una serie de números o letras que el comprador deberá indicar delante de su nombre al formalizar una compra ‘online’. Ese código indica a la empresa de paquetería que la entrega se realizará a través de un buzón inteligente y que el repartidor deberá descargar en su móvil la versión profesional de una app, para obtener un nombre de usuario que le autorizará a manipular esa taquilla.

Una vez en la casa, gracias a ese identificador, sólo deberá escanear el código de barras del paquete y el QR que verá en el propio buzón. Con esos dos datos, la aplicación generará un código de apertura únicamente válido para ese pedido. Una vez depositado el paquete y cerrada la taquilla, la app le facilitará un nuevo código que esta vez servirá como firma electrónica, dando por buena la entrega. También emplearíamos el mismo sistema para realizar cualquier devolución, que no deja de ser un caso de «logística inversa».

Si el repartidor no quiere o no puede descargarse la app de uso profesional, el destinatario del paquete podrá facilitarle desde su móvil (y la app de usuario) un código de invitado para realizar la entrega siguiendo el mismo proceso. Esta alternativa abre además la posibilidad de que el buzón sea utilizado como consigna para que, por ejemplo, un amigo o familiar te deje en casa cualquier cosa en cualquier momento. No tendría ni que descargarse la versión este usuario de la app porque podrá abrir la taquilla solo con teclear la clave temporal que le facilite el dueño.

El buzón, fabricado en chapa de acero galvanizado, utiliza tecnología bluetooth, por lo que no necesita conexión a Internet. Y funciona con pilas, así que tampoco requiere acceso a la red eléctrica. La empresa fabrica dos modelos: uno, que únicamente permite la entrega de paquetes, que cuesta 315 euros, y otro que además incorpora una boca para cartas. Su modelo de negocio se basa tanto en la venta de los dispositivos como en el cobro de cmisiones a las empresas de reparto, a las que garantizan cerrar la entrega. Así lo explicarán sus promotores los días 29 y 30 en la cuarta edición de B-Venture, el mayor evento de ‘startups’ del norte de España. El encuentro, organizado por EL CORREO, contará con el patrocinio del Gobierno vasco, SPRI, la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao; y la colaboración de Telefónica, Puerto de Bilbao, BStartup de Banco Sabadell, Laboral Kutxa, CaixaBank, BBK, Elkargi y la Universidad de Deusto.

  • Las claves
  • Códigos para cada entrega

    El buzón inteligente se abrirá al teclear una clave que la app facilitará con cada pedido al repartidor

  • Uso no profesional

    Se pueden enviar a amigos o familiares códigos de invitado para que usen la taquilla como consigna

  • Send2me 
  • 25.000
    euros es la facturación prevista en 2019, su primer año de actividad. Para 2020 esperan llegar a 200.000.
  • 36.000euros aportados por tres socios fundadores: Toño Fraga, Javier Nogueira y Andrés Bustelo.
  • 300.000euros necesitan para acelerar la implantación del buzón con empresas de logística y ‘e-commerces’

Llegar a los bloques de viviendas 

El tamaño de los buzones creados por Send2me, que es de 34 centímetros de ancho, otros 34 de alto y 27 de fondo, hace que hoy únicamente sean una solución viable para usuarios que residan en viviendas unifamiliares. Una limitación que la compañía intenta salvar creando adaptaciones de sus dispositivos más manejables para bloques de viviendas. La firma, de hecho, ya ultima el lanzamiento de un modelo que sería compartido por los vecinos del portal o trabajadores de una empresa. Serían módulos dotados de cuatro o cinco taquillas independientes, en función del número de usuarios, que darían acceso temporal a solo una de ellas gracias a un código de uso único.