Carolina Muñoz y Natalia Moracho, responsables de los departamentos de calidad y médico de Airway Shield, respectivamente.
Carolina Muñoz y Natalia Moracho, responsables de los departamentos de calidad y médico de Airway Shield, respectivamente

La ‘startup’ Airway Shield ha diseñado una mascarilla que al incorporar una guía para las sondas facilita la realización de intubaciones

Airway Shield

Dispositivos médicos que facilitan la realización de las intubaciones endotraqueales mejorando tanto la seguridad del paciente como la del personal sanitario.

Entre los procedimientos que más habitualmente deben realizan los servicios médicos que atienden emergencias están las intubaciones endotraqueales, imprescindibles si el paciente no puede respirar por sí mismo y necesita ventilación asistida, pero también muy utilizada para administrar anestesia. Es una intervención tan crítica como delicada, especialmente en entornos muy alejados de las condiciones de un quirófano. Una mala praxis puede causar desde daños leves, como molestias en la garganta o la rotura de un diente, a otros menos habituales pero muy graves, como una hipoxia o un paro cardíaco. Para facilitar su realización, la ‘startup’ Airway Shield ha desarrollado un dispositivo que elimina la posibilidad de cometer uno de los errores más peligrosos; llevar el tubo endotraqueal –una sonda flexible que se conecta a la respiración mecánica y traslada el aire directamente a los pulmones– hacía el esófago en vez de hacía la laringe.
El procedimiento habitual tiene como paso previo la introducción en la boca del paciente de un laringoscopio, un instrumento que permite al anestesista, que es quien normalmente realiza la intervención, apartar la lengua y la epiglotis y marcar con una luz el final la faringe, en el que arrancan la laringe, por un lado, y el esófago por otro. Es donde se separan el aparato respiratorio y el digestivo.

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Colaboran. BStartup de Banco Sabadell, Fundación BBK, Laboral Kutxa, CaixaBank, Banco Santander y la Universidad de Deusto.

A continuación, se emboca la sonda y cuando está ya bien colada se retira el laringoscopio para dejarla todo el espacio libre. A partir de ahí se empieza a introducir lentamente. Es un momento delicado porque el paciente está tumbado y eso hace que la tendencia natural del tubo sea ir hacia abajo. Es decir, al esófago. El Airway Shield evita esta posibilidad porque su diseño se curva hacía arriba, obligando a la sonda a tomar el camino correcto.

<h2>Un problema mayor<h2>
El fundador de la empresa, el doctor intensivista Julio Alonso, tuvo la idea hace años, pero curiosamente su propósito inicial no era facilitar las intubaciones, sino mejorar la seguridad los médicos que las realizaban. «La chispa es anterior, pero fue durante la pandemia cuando se dio cuenta de hasta qué punto podía facilitar este tipo de procedimientos. En aquellos momentos en los que eran tan importante evitar que los médicos corrieran el riesgo de contagiarse por los aerosoles –partículas que se quedan suspendidas el aire y se pueden inhalar–, lo habitual era tapar la boca al paciente, con lo que se quitaba también toda la visibilidad para realizar la intubación. Si ya de por sí realizarla bien es complicado, súmale encima hacerlo sin visión y con unos equipos de protección a los que no estás acostumbrado porque no son los habituales», explica Natalia Moracho, responsable del departamento médico de la firma.

La solución, pensó Alonso, sería contar con una mascarilla que tuviera incorporado un canal por el que poder meter el tubo endotraqueal, de modo que una vez colocada ya actuara como un escudo (de ahí el nombre) que protege al médico de la exposición a la vía aérea del paciente. «De hecho, la patente protege tanto el dispositivo como la nueva técnica con la boca del paciente tapada. Fue después cuando se dio cuenta de que al mismo tiempo estaba resolviendo un problema mayor porque con ella ‘forzaba’ al tubo a seguir un camino concreto ya que únicamente podía ir por el canal de la mascarilla. Es decir, un dispositivo tremendamente sencillo podía hacer que intubar fuera siempre fácil», subraya Moracho.
Esa facilidad hace que el público objetivo de la firma ya no sean –o no sólo– los anestesistas, pese a que son quienes más a menudo realizan este procedimiento. «Ellos tienen mucha experiencia y, además, normalmente intervienen en operaciones que ya están programadas y han tenido una consulta previa con el paciente. Si éste tiene un problema por el que haya que tomar alguna precaución, ya lo saben. A los que de verdad les va dar mucha tranquilidad es a los intensivistas, los urgenciólogos, los médicos de los servicios prehospitalarios que acuden a las emergencias y a los militares», matiza Moracho.
La firma consiguió n 2022 el marcado CE, la certificación que indica que un producto sanitario cumple todos los requisitos de seguridad y funcionamiento exigidos en la Unión Europea, y espera lograr «muy pronto» también la de la Agencia de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA) que, de momento, ya les ha dado una muy buena noticia. «El nuestro es el primer dispositivo ligado a la anestesia al que dan la designación de tecnología segura, que es algo que hacen cuando quieren acelerar a implantación de alguna innovación», señala. Además, Airway Shield está desarrollando un estudio con 750 pacientes de diez hospitales, Txagorritxu entre ellos, para reunir la evidencia científica que les abra las puertas del mercado.